TEMA DE LA SEMANA
• La escalada del conflicto en Medio Oriente ha elevado significativamente la incertidumbre global, principalmente por el riesgo de disrupciones en el suministro energético. Los mercados han reaccionado con alzas en el precio del petróleo, mayor volatilidad financiera y un aumento de las primas por riesgo, reflejando temores sobre mayores presiones inflacionarias y condiciones financieras más restrictivas.• Si bien la incertidumbre sobre el desenlace del conflicto sigue siendo elevada y resulta difícil anticipar su trayectoria, nuestro escenario base considera un conflicto de alta intensidad, pero acotado en duración. De ser así, una parte importante de los movimientos recientes en los mercados debiera revertirse gradualmente a medida que disminuya la incertidumbre.ESTADOS UNIDOS
• Los indicadores recientes sugieren que la actividad se mantiene resiliente, con los ISM en terreno expansivo y un gasto subyacente del consumidor aún dinámico, reflejado en el avance del grupo de control de las ventas minoristas. Sin embargo, el mercado laboral mostró señales de fragilidad en febrero, con una destrucción neta de empleo y un aumento de la tasa de desempleo.• Para la política monetaria, el escenario se ha vuelto más complejo. La combinación de un mercado laboral algo más débil, mayores riesgos inflacionarios asociados al alza del petróleo y un entorno de elevada incertidumbre geopolítica podría llevar a la FED a mantener una postura prudente respecto de eventuales recortes de tasas. Con todo, nuestro escenario base de dos recortes durante 2026 se mantiene sin cambios.ZONA EURO
• La escalada del conflicto en Medio Oriente ha puesto de relieve la alta vulnerabilidad energética de la región. El fuerte aumento en el precio del petróleo y del gas natural está deteriorando las perspectivas de crecimiento. Además, este shock ha presionado al euro a la baja, reflejando el impacto negativo del encarecimiento de la energía sobre la balanza comercial y la actividad.• En este contexto, el balance de riesgos para la política monetaria se ha vuelto más desafiante, ya que el shock energético podría reavivar presiones inflacionarias. De hecho, el mercado le asigna cerca de un 50% de probabilidad a una eventual alza de la tasa rectora en 2026.CHINA
• Los indicadores líderes muestran señales de debilidad, con el PMI manufacturero y no manufacturero en zona contractiva, mientras que la actividad de la construcción cayó a su nivel más bajo en seis años. Este deterioro refleja una demanda interna frágil, incertidumbre externa y tensiones comerciales.• En este escenario, las autoridades fijaron una meta de crecimiento entre 4,5% y 5% para 2026 —la más baja en décadas—, reconociendo las fragilidades estructurales de la economía y la complejidad de la transición hacia nuevos motores de expansión.CHILE
• El IMACEC de enero cayó un 0,1% anual, iniciando el año con debilidad por la menor producción de bienes. Pese a ello, mantenemos una visión positiva para 2026 (3,4% de crecimiento), apoyada en altos precios del cobre, el shock positivo de expectativas y condiciones crediticias más favorables.• El IPC de febrero fue 0,0%, lo que llevó la inflación anual a 2,4%. Para marzo y abril se anticipan registros más altos, reflejando el impacto del alza del tipo de cambio y del precio del petróleo. No obstante, estimamos que se tratará de un shock transitorio, por lo que proyectamos una inflación anual de 2,9% hacia fines de 2026.• El CFA advirtió que el incumplimiento de la meta de balance estructural en 2025 refleja problemas en la proyección de ingresos y control del gasto, lo que plantea riesgos para la credibilidad de la regla fiscal y refuerza la necesidad de ajustes estructurales.• La paridad local se acercó a los $911 por dólar, registrando una marcada depreciación respecto al cierre de la semana pasada. Este movimiento respondió a la turbulencia en los mercados financieros, la reciente caída en el precio del cobre y el fortalecimiento generalizado del dólar. Si el shock geopolítico en Medio Oriente resulta transitorio —como asumimos en nuestro escenario base— es razonable esperar que parte de estos factores se reviertan gradualmente. En ese contexto, el tipo de cambio debería tender a normalizarse hacia un rango entre $850 y $880 en los próximos meses.