El petróleo cerca de US$100 vuelve a tensionar inflación, políticas monetarias y tasas. El principal riesgo ya no es sólo el shock energético, sino una reacción monetaria excesiva frente a un shock predominantemente de oferta, con el potencial de profundizar la desaceleración sin corregir su origen.
Estados Unidos
El IPC subyacente de agosto inclinó claramente la balanza hacia un alza de 25 pb en la tasa de los fondos federales en septiembre. Incorporamos ese movimiento a nuestro escenario, pero no suscribimos un ciclo de varias alzas: las expectativas siguen ancladas y el traspaso subyacente del shock energético continúa acotado.
Mercados financieros globales
Tasas más altas y mayor incertidumbre reducen valorizaciones, pero la resiliencia de la actividad y las revisiones al alza de utilidades mantienen apoyo a las acciones. Revisamos el S&P 500 a 8.036 puntos para fines de 2026 y 8.690 para 2027. Los Treasuries siguen muy por sobre nuestros valores de equilibrio.
Zona Euro
El BCE elevó la tasa de depósito a 2,50%. La inflación más persistente y una actividad algo más resistente justifican cautela, pero vemos riesgo de sobrerreacción si el banco profundiza el endurecimiento frente a un shock todavía dominado por energía.
Japón
Mayor crecimiento, salarios y crédito refuerzan la probabilidad de un alza del BoJ a 1,25%. El yen se aprecia debido a tasas domésticas más altas, aunque una normalización demasiado rápida podría impactar a la demanda interna, carry trades y mercados globales.
China
El fuerte repunte exportador, liderado por tecnología e IA, reafirma una economía a dos velocidades. El dinamismo manufacturero y externo contrasta con una demanda doméstica todavía débil; el salto de importaciones refleja en buena parte mayores requerimientos de insumos tecnológicos.
Chile
La sorpresa inflacionaria nos llevó a elevar nuestra proyección a 4,7% a fines de 2026 y 2,9% a fines de 2027, pero sin un traspaso subyacente que justifique mayor restrictividad. Postergamos el próximo recorte de la TPM a junio de 2027. El IPoM refuerza nuestra visión de debilidad en 2026 y recuperación liderada por la inversión en 2027, mientras MK4 apunta a mejorar el financiamiento y profundizar el mercado de capitales.
Mercados financieros locales
El shock externo elevó tasas nominales, la paridad e incertidumbre bursátil. La UF corta recibió impulso por la sorpresa inflacionaria. Mantenemos una apreciación gradual del peso, aunque más tardía, y revisamos el IPSA a 11.860 puntos fin de 2026 y 13.870 fin de 2027.
TEMA DE LA SEMANA
Petróleo cerca de US$100 vuelve a tensionar las políticas monetarias y las tasas
La prolongación del conflicto en Medio Oriente volvió a situar al petróleo en el centro del escenario macrofinanciero. Las disrupciones sobre la producción y el transporte de crudo, junto con el riesgo de que las restricciones de oferta se extiendan, llevaron al WTI cerca de US$100 por barril y reforzaron las presiones sobre combustibles y costos de producción. El impacto ya comienza a reflejarse en las expectativas de inflación y, con ello, en las decisiones esperadas de los bancos centrales. En EE.UU. el mercado elevó significativamente la probabilidad de una nueva alza de la FED, mientras el BCE volvió a aumentar su tasa de política. El resultado ha sido un nuevo ajuste de las tasas globales, con los rendimientos de los Treasuries alcanzando máximos de varios años.
El desafío es que el origen de buena parte de estas presiones es un shock de oferta, frente al cual mayores tasas tienen una efectividad limitada. La política monetaria no puede aumentar la oferta de petróleo, aunque sí debe impedir que el encarecimiento de la energía se propague hacia la inflación subyacente y las expectativas. La experiencia de los shocks petroleros de los años setenta y comienzos de los ochenta muestra este dilema: el fuerte endurecimiento monetario contribuyó a contener la inflación, pero también profundizó la desaceleración de la actividad y el aumento del desempleo. En el escenario actual, con las expectativas de inflación todavía relativamente contenidas y las tasas de mercado ajustándose con fuerza, el principal riesgo es que una reacción excesiva de la FED genere un sobreajuste de las condiciones financieras, debilitando consumo, vivienda e inversión sin corregir directamente el origen del shock. Mientras el petróleo permanezca elevado, el espacio para una normalización monetaria seguirá siendo limitado, pero el balance entre combatir efectos de segunda vuelta y evitar un endurecimiento innecesario será cada vez más estrecho.
ESTADOS UNIDOS
IPC inclina la balanza hacia un alza, pero aumenta el riesgo de una sobrerreacción de la FED
La inflación de agosto inclinó claramente la balanza hacia un aumento de tasas en septiembre. El IPC subyacente avanzó 0,3% mensual, por sobre el 0,2% esperado, mientras el IPC total aumentó 0,4%. La reacción inicial del mercado llevó la probabilidad de un alza de 25 pb hasta cerca de 90%, aunque posteriormente se moderó. Sin embargo, la combinación de IPC e IPP sigue mostrando una composición importante del shock asociada a energía y otros factores de oferta. La gasolina explicó más de un tercio del incremento mensual del IPC total, mientras en precios al productor el aumento estuvo concentrado principalmente en bienes y energía, con presiones bastante menores en servicios. Al mismo tiempo, la inflación subyacente anual descendió a 2,4%, sin evidencia por ahora de un traspaso generalizado y persistente hacia el conjunto de los precios.
A nuestro juicio, la discusión relevante después de septiembre será si la FED inicia un nuevo ciclo de alzas o adopta una estrategia de esperar y evaluar la propagación del shock. Consideramos que la segunda alternativa sería más consistente con la naturaleza de las presiones actuales. Una respuesta demasiado agresiva frente a un shock predominantemente de oferta tendría una capacidad limitada para reducir directamente las presiones originadas en energía, pero podría amplificar el endurecimiento de las condiciones financieras y profundizar el deterioro de sectores especialmente sensibles a las tasas, como vivienda. Este riesgo es particularmente relevante cuando las tasas largas ya se encuentran en niveles elevados y los mercados descuentan varias alzas adicionales. Mientras las expectativas de inflación permanezcan ancladas y no aparezcan señales claras de efectos de segunda vuelta, creemos que la FED debería actuar con extrema cautela: incluso si sube en septiembre, ese movimiento no debería interpretarse necesariamente como el inicio de un ciclo prolongado de endurecimiento monetario.
Buybacks del Tesoro no logran contener la presión sobre las tasas largas
El Tesoro amplió su programa de recompra de deuda de largo plazo, elevando hasta US$6.000 millones el monto de la primera operación, tres veces por sobre lo inicialmente previsto. Sin embargo, el anuncio tuvo un efecto limitado sobre el mercado: la tasa del Treasury a 10 años subió hasta 4,85%, mientras la colocación de nuevos bonos a ese plazo se realizó a 4,834%, el rendimiento más alto desde 2007. La reacción refleja que el mercado esperaba una intervención de mayor magnitud y que las recompras siguen siendo pequeñas frente al tamaño del mercado de deuda.
Más importante, el episodio refuerza que estas operaciones pueden mejorar la liquidez y suavizar movimientos abruptos, pero difícilmente modificar de manera persistente el nivel de equilibrio de las tasas. La presión sobre los rendimientos responde hoy a factores más estructurales: inflación todavía elevada, incertidumbre, mayores expectativas de nuevas alzas de la FED y prima por plazo. En este contexto, la capacidad del Tesoro para contener las tasas largas mediante recompras parece acotada, mientras los fundamentos continúen apuntando hacia condiciones financieras más restrictivas.
Alza de tasas hipotecarias vuelve a frenar el mercado residencial
Las ventas de viviendas usadas cayeron un 2,0% en agosto, hasta una tasa anualizada de 3,98 millones de unidades, su menor nivel en más de un año. El principal freno sigue siendo el costo del financiamiento: la tasa hipotecaria a 30 años alcanzó 6,85%, también un máximo de más de un año y cerca de 75 pb por sobre los niveles previos al inicio del conflicto con Irán. El aumento de las tasas ha reducido la demanda por crédito, con las solicitudes de refinanciamiento en su menor nivel desde mayo de 2025 y las destinadas a compra mostrando escaso dinamismo. A ello se suma la baja disposición a vender de propietarios con hipotecas contratadas a tasas significativamente menores.
Por otra parte, los inventarios aumentaron un 5,9% a/a hasta 1,62 millones de viviendas, su mayor nivel desde 2019, mientras los meses de oferta alcanzaron 4,9, el registro más alto en más de una década. Sin embargo, el precio mediano todavía aumentó 1,6% a/a hasta US$429.100. En conjunto, el sector residencial sigue mostrando una elevada sensibilidad al endurecimiento de las condiciones financieras: las mayores tasas están reduciendo transacciones y aumentando la oferta disponible, aunque el ajuste de precios continúa siendo gradual.
MERCADOS FINANCIEROS GLOBALES
Tasas más altas reducen valorizaciones, pero los fundamentos corporativos siguen siendo positivos
El deterioro reciente de los mercados accionarios responde, a nuestro juicio, principalmente a un aumento de la tasa de descuento y de la prima por incertidumbre, más que a un debilitamiento de los fundamentos corporativos. La prolongación del conflicto en Medio Oriente, el petróleo cerca de US$100 y el alza en las expectativas de ajuste de la tasa rectora han elevado el costo de capital y presionado los múltiplos. La mayor cautela ya comienza a observarse en los flujos: durante la semana al 9 de septiembre, los fondos accionarios globales registraron salidas por US$15.520 millones, concentradas en EE.UU., donde alcanzaron US$32.270 millones, mientras los fondos de bonos de corto plazo recibieron US$6.650 millones. Como resultado del escenario más exigente, revisamos a la baja nuestra proyección para el S&P 500 a 8.036 puntos a fines de 2026 y 8.690 puntos a fines de 2027. Sin embargo, mantenemos una visión positiva de mediano plazo: la economía continúa mostrando resiliencia y las utilidades corporativas permanecen elevadas, con estimaciones de resultados que siguen revisándose al alza.
En renta fija, el ajuste tampoco ha sido exclusivamente de EE.UU. Las tasas soberanas a 10 años del G7 aumentaron en promedio cerca de 19 pb durante la semana, mientras los de 2 años subieron alrededor de 22 pb, reflejando un shock común asociado a petróleo, inflación y expectativas de políticas monetarias más restrictivas. Esto sugiere que el alza de los Treasuries no responde sólo a factores propios, sino también a un endurecimiento global de las condiciones financieras. Hemos modificado nuestro escenario e incorporado un alza de 25 pb de la FED en septiembre, pero no suscribimos la visión de varias alzas adicionales que actualmente descuenta el mercado. Buena parte del shock sigue teniendo un origen de oferta y las expectativas de inflación permanecen relativamente contenidas, por lo que una respuesta excesivamente agresiva elevaría innecesariamente el riesgo para la actividad.
Más importante, nuestros modelos continúan señalando que las tasas de los bonos del Tesoro se encuentran significativamente por sobre sus valores de equilibrio. Aun reconociendo que el petróleo, la inflación y una FED más restrictiva pueden mantenerlas elevadas por más tiempo, seguimos esperando una normalización posterior a medida que estas presiones comiencen a moderarse. En este contexto, el principal riesgo para los mercados no es tanto un deterioro de los fundamentos corporativos, sino que un endurecimiento monetario y financiero mayor al necesario termine amplificando el impacto del shock energético sobre valorizaciones y actividad.
ZONA EURO
Mayor restrictividad del BCE eleva el riesgo para la recuperación de la Zona Euro
El BCE incrementó en 25 pb la tasa de depósito hasta 2,50%, en un contexto en que el shock energético mantiene la inflación elevada y aumenta el riesgo de efectos de segunda vuelta. Las nuevas proyecciones refuerzan esta visión: la inflación se mantendría en 3,0% en 2026 y fue revisada al alza a 2,5% en 2027 y 2,1% en 2028, mientras la inflación subyacente alcanzaría 2,6% y 2,3% en esos mismos años. Por su parte, el crecimiento fue corregido al alza a 0,9% en 2026 y 1,4% en 2027, confirmando una economía algo más resiliente de lo esperado.
Sin embargo, la combinación de una inflación todavía elevada y una actividad más resistente está llevando al mercado a anticipar una política monetaria significativamente más restrictiva, con tres alzas adicionales ya incorporadas hacia octubre de 2027. A nuestro juicio, esto aumenta el riesgo de una sobrerreacción frente a un shock cuyo origen sigue siendo principalmente de oferta. Un endurecimiento excesivo podría terminar debilitando la incipiente recuperación de la Zona Euro, profundizando el ajuste de la demanda interna, particularmente consumo e inversión, sin corregir directamente las causas del aumento de los precios energéticos.
JAPÓN
Mayor crecimiento y salarios refuerzan el escenario de nuevas alzas del BoJ
La economía creció un 1,4% anualizado en el segundo trimestre, por sobre la estimación inicial de 1,1%, completando tres trimestres consecutivos de expansión. A ello se sumó una fuerte aceleración de los salarios nominales, que aumentaron 4,7% a/a en julio, su mayor avance desde 1997, mientras el crédito bancario mantuvo tasas de crecimiento superiores a 5%. En conjunto, estos antecedentes refuerzan la visión del Banco de Japón de que la economía continúa evolucionando de manera consistente con su escenario y fortalecen las expectativas de un nuevo aumento de tasas en septiembre.
Sin embargo, el balance sigue siendo mixto. El consumo privado permaneció estancado en el segundo trimestre y el gasto de los hogares acumuló ocho meses consecutivos de caída, reflejando el impacto de los mayores costos de vida. Así, aunque la fortaleza de salarios, utilidades corporativas y crédito entrega espacio para avanzar en la normalización monetaria, una trayectoria de alzas demasiado rápida podría añadir presión sobre una demanda interna todavía frágil. El escenario base sigue apuntando a una nueva alza del BoJ, pero el ritmo posterior dependerá de que la mejora salarial logre traducirse en una recuperación más clara del consumo.
Yen se fortalece ante mayores tasas y una normalización más agresiva del BoJ
El yen se apreció hasta niveles cercanos a ¥153 por dólar, su mayor fortaleza en varios meses, apoyado por la expectativa de que el BoJ incremente la tasa de política a 1,25% en septiembre y mantenga una trayectoria de normalización posterior. El movimiento también ha sido reforzado por mayores tasas domésticas —el JGB a 10 años alcanzó 3%, su nivel más alto desde 1996— y por una menor disposición del mercado a mantener posiciones financiadas en yenes. A ello se suma la mayor presión de las autoridades por limitar una depreciación excesiva de la moneda.
Hacia adelante, el aumento de las tasas japonesas podría seguir entregando apoyo al yen al reducir los diferenciales con otras economías y aumentar el atractivo relativo de los activos locales. Un eventual proceso de repatriación de capitales inducido por mayores tasas domésticas reforzaría este movimiento y podría tener efectos sobre los mercados globales de bonos, dada la elevada exposición de inversionistas japoneses a activos externos. En todo caso, si el BoJ avanza de manera más gradual de lo descontado, parte de la reciente apreciación podría revertirse, mientras un endurecimiento demasiado rápido elevaría el riesgo de una corrección más abrupta de las estrategias de carry trade.
CHINA
Auge tecnológico refuerza una economía a dos velocidades
Las exportaciones volvieron a acelerarse en agosto, con un aumento de 25% a/a, apoyadas principalmente por la demanda global vinculada a inteligencia artificial y semiconductores. Las exportaciones de productos de alta tecnología crecieron cerca de 57%, mientras los envíos de circuitos integrados aumentaron casi 130%, explicando más de la mitad del crecimiento total de las exportaciones. Al mismo tiempo, las importaciones subieron 28,2% a/a, un dinamismo que contrasta con la persistente debilidad de la demanda interna y que, en buena medida, parece estar asociado al mayor requerimiento de insumos, componentes y bienes de capital vinculados a las cadenas tecnológicas y exportadoras, más que a una recuperación generalizada del consumo doméstico.
Esta aparente paradoja refuerza la idea de una economía china a dos velocidades que hemos venido destacando. Por un lado, los sectores tecnológicos, manufactureros y exportadores continúan mostrando un fuerte dinamismo, beneficiados por el ciclo global de inversión en IA y por la elevada competitividad de China en estas cadenas. Por otro, la demanda interna sigue rezagada y buena parte de la economía no tecnológica mantiene un crecimiento considerablemente más débil. Así, el mayor crecimiento de las importaciones no necesariamente constituye una señal de recuperación interna amplia: puede reflejar, en parte, una economía manufacturera cada vez más integrada a cadenas tecnológicas globales, mientras consumo, inversión privada y sectores más domésticos continúan mostrando un débil desempeño.
CHILE
Inflación: sorpresa al alza, pero con traspaso subyacente todavía acotado
El IPC de agosto sorprendió fuertemente al alza. La inflación mensual llegó a un 0,6%, muy por sobre nuestra estimación y la expectativa de mercado de 0,3%, llevando la variación anual a 4,1%. Las principales incidencias positivas provinieron de alimentos y bebidas no alcohólicas, que aumentaron 1,4% mensual y aportaron 0,317 pp, y transporte, que subió 1,6% y contribuyó con 0,201 pp.
Los canales directos e indirectos del petróleo tuvieron distinta intensidad. El canal directo se observó en combustibles, aunque con una incidencia acotada: la gasolina subió 0,9% mensual y aportó 0,031 pp al IPC. El impacto más relevante vino por canales indirectos o asociados, especialmente transporte aéreo, que aumentó 24,6% y aportó 0,186 pp, componente donde el combustible opera junto con tipo de cambio, estacionalidad y demanda. En paralelo, alimentos añadió una presión relevante por un canal distinto al petrolero: el alza se concentró principalmente en carnes y hortalizas, legumbres y tubérculos, evolución consistente con efectos de condiciones climáticas y restricciones puntuales de oferta.
El traspaso subyacente sigue contenido. A pesar de la sorpresa del IPC total, el IPC sin volátiles aumentó solo un 0,1% mensual, lo que sugiere que las presiones más persistentes continúan acotadas. Nuestros ejercicios de contribución y difusión tampoco muestran un contagio material del shock petrolero: la incidencia anual del IPC sin volátiles se ubicó en torno a 2,04 pp —aproximadamente 0,50 pp en bienes y 1,54 pp en servicios—, mientras que la difusión ponderada sobre 3,0% anualizado se mantuvo en 53,8%, apenas por sobre su promedio 2024-2025 de 51,1% y dentro de su rango habitual de variación.
Considerando la cifra de agosto y el nuevo aumento del precio del petróleo, revisamos nuestra proyección de inflación a fines de 2026 desde 4,1% a 4,7%. Para el corto plazo, estimamos variaciones mensuales de 0,54% en septiembre y 0,40% en octubre. Para fines de 2027, elevamos marginalmente la proyección en una décima, hasta 2,9%, manteniendo una trayectoria de convergencia gradual, aunque algo más lenta. En conjunto, la sorpresa inflacionaria reduce el espacio para una flexibilización monetaria inmediata, pero la ausencia de un traspaso significativo hacia la inflación subyacente no justifica, por ahora, un giro más restrictivo de la política monetaria.
BCCh mantiene la TPM y posterga el espacio para retomar la normalización monetaria
El Banco Central mantuvo por unanimidad la TPM en 4,5%, en un contexto marcado por una actividad interna más débil de lo previsto y riesgos inflacionarios todavía relevantes. El desempeño del segundo trimestre y comienzos del tercero estuvo por debajo de lo anticipado en el IPoM de junio, con caídas trimestrales desestacionalizadas del consumo y la inversión y un mercado laboral que continúa mostrando debilidad. En inflación, si bien el IPC anual aumentó a 4,1% en agosto, el alza estuvo concentrada principalmente en componentes volátiles: la inflación subyacente se mantuvo en 3,3% y las expectativas a dos años continúan ancladas en 3%, sin evidencia por ahora de una intensificación significativa de las presiones más persistentes.
La principal fuente de cautela sigue proviniendo del escenario externo. El nuevo aumento del precio del petróleo, las mayores tasas internacionales y la persistencia de políticas monetarias restrictivas en las principales economías han elevado nuevamente la incertidumbre sobre la trayectoria inflacionaria. A ello se suma la mayor cautela observada en el BCE, que ha debido responder a un escenario de inflación todavía elevada pese a una actividad relativamente débil. En este contexto, el comunicado del BCCh evitó entregar un sesgo explícito sobre la trayectoria futura de la TPM y volvió a enfatizar que las decisiones se evaluarán “reunión a reunión”, reconociendo riesgos relevantes en ambas direcciones.
A partir de estos antecedentes, hemos modificado nuestra trayectoria esperada para la TPM y postergado el próximo recorte desde marzo hasta junio de 2027. Ahora esperamos que la tasa se mantenga en 4,5% durante el resto de 2026 y comienzos de 2027, antes de retomar gradualmente la convergencia hacia su nivel neutral. La decisión refleja principalmente un entorno externo menos favorable para una flexibilización temprana: tasas internacionales más altas, petróleo en niveles elevados y mayor incertidumbre inflacionaria aumentan el costo de anticipar el proceso de normalización. Hacia mediados de 2027, en la medida que estas presiones comiencen a moderarse y la debilidad de la demanda interna continúe limitando efectos de segunda vuelta, estimamos que el Banco Central tendrá espacio para iniciar una reducción gradual de la TPM.
IPoM refuerza la visión de un 2026 débil y una recuperación liderada por la inversión en 2027
El IPoM de septiembre profundizó el deterioro esperado para la economía chilena durante 2026, reduciendo el rango de crecimiento del PIB desde 1,0%-1,75% a 0,25%-0,75%. La corrección responde a una demanda interna más débil, menores niveles de confianza, deterioro del mercado laboral, efectos climáticos y una menor producción minera. En particular, el Banco redujo la proyección de consumo privado desde 1,8% a 1,5% y la de inversión desde +2,2% a -0,3%. En contraste, el escenario externo continúa mostrando una economía global relativamente resiliente, apoyada por el ciclo de inversión en inteligencia artificial, aunque con mayores riesgos inflacionarios, petróleo elevado y condiciones financieras más restrictivas. El Banco también revisó significativamente al alza el supuesto para el cobre, elevando su precio de mediano plazo desde US$5,0 a US$5,6 por libra y la expansión de los términos de intercambio de 2026 desde 4,2% a 9,9%.
Hacia 2027, el IPoM mantiene el rango de crecimiento del PIB entre 2% y 3%, pero refuerza considerablemente la recuperación esperada de la inversión: la FBCF crecería 8,1%, frente al 5,0% previsto en junio, y alcanzaría 7,1% en 2028. En este punto existe una clara coincidencia con nuestro escenario, que también anticipa una transición desde un 2026 débil hacia una recuperación más intensa en 2027, liderada inicialmente por la inversión y apoyada por elevados términos de intercambio y una mayor cartera de proyectos. Nuestra proyección contempla un crecimiento de la inversión de 6,6% en 2027 y una expansión del PIB de 3,5%, algo superior al rango del Banco. En inflación, el BCCh realizó cambios acotados y proyecta 4,3% a fines de 2026 y 2,8% en 2027; tras el IPC de agosto y el nuevo aumento del petróleo, nuestras estimaciones se ubican en 4,7% y 2,9%, respectivamente. En conjunto, el nuevo IPoM converge hacia nuestra tesis de una economía en transición: debilidad durante 2026 y una recuperación más marcada desde 2027, con la inversión como principal motor del cambio de ciclo.
MK4 busca profundizar el mercado de capitales y mejorar el acceso al financiamiento
El Gobierno ingresó al Congreso la reforma al mercado de capitales MK4, un amplio paquete orientado a recuperar profundidad financiera, ampliar las fuentes de financiamiento de empresas y facilitar el acceso a la vivienda. Entre las principales medidas destaca la creación del FONAVI, que permitiría a BancoEstado adquirir carteras hipotecarias y liberar capacidad de los bancos para nuevas colocaciones, junto con un esquema de ahorro para la vivienda complementado por aportes estatales al pie acumulado por los hogares. La propuesta incorpora además incentivos al ahorro previsional y modificaciones destinadas a reducir costos y fricciones en el sistema financiero.
En el mercado de capitales, la reforma busca facilitar el acceso de empresas medianas y emergentes mediante minibonos y un nuevo Segmento Junior de bolsa, simplificar procesos de emisión, favorecer la reinversión entre fondos y ampliar herramientas de liquidez para inversionistas institucionales. También reduce barreras para inversionistas y proveedores financieros extranjeros, con el objetivo de aumentar competencia y profundidad de mercado. Más que un impulso coyuntural a la actividad, el principal efecto esperado es estructural: menores costos de financiamiento, mayor diversificación de las fuentes de capital y una mejor canalización del ahorro hacia la inversión. El informe de impacto asociado al proyecto estima que el nivel del PIB podría ser cerca de 0,9% mayor hacia 2036, aunque la magnitud efectiva dependerá de la implementación y adopción de las distintas medidas.
MERCADOS FINANCIEROS LOCALES
Tasas swap: presión externa eleva la curva nominal, mientras la inflación favorece la UF corta
Las tasas swap nominales cerraron la semana con alzas generalizadas a lo largo de la curva, reflejando principalmente el fuerte ajuste de las tasas internacionales y el desplazamiento hacia una postura más restrictiva de los principales bancos centrales. El aumento de las tasas de los Treasuries y la mayor probabilidad de un alza de la FED en septiembre elevaron el costo de oportunidad de los instrumentos locales en pesos y reforzaron la presión alcista sobre las tasas domésticas. A ello se sumó la sorpresa inflacionaria de agosto, que llevó al mercado a consolidar la expectativa de que el Banco Central mantendrá la TPM en 4,5% por un período más prolongado.
La reacción de las tasas reales fue más diferenciada. La UF corta retrocedió, consistente con una recomposición de portafolios hacia instrumentos indexados después del IPC de agosto y con un aumento de la demanda por protección frente a inflación en el corto plazo. En cambio, las tasas UF de plazos medios y largos aumentaron ligeramente, recogiendo en mayor medida el efecto del alza de las tasas reales internacionales y del deterioro de las condiciones financieras globales. En conjunto, la dinámica refleja dos fuerzas simultáneas: mayor presión externa sobre el nivel general de tasas y una recomposición doméstica desde instrumentos nominales hacia UF corta, ante una inflación más alta y una expectativa de pausa monetaria más prolongada.
Tipo de cambio sube por mayor tensión externa, pero los fundamentos siguen apuntando a una apreciación del peso
El tipo de cambio cerró la semana ligeramente por debajo de $942 por dólar, cerca de $10 por sobre el cierre de la semana anterior. La depreciación del peso respondió principalmente al deterioro del escenario externo: mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales, retroceso del precio del cobre y un nuevo aumento de las tasas globales, en un contexto en que el petróleo elevado y las mayores expectativas de endurecimiento monetario han fortalecido al dólar y reducido el apoyo a las monedas emergentes. En este sentido, el movimiento reciente parece responder más a un cambio en las condiciones financieras globales que a un deterioro de los fundamentos propios de la economía chilena.
A nuestro juicio, estos acontecimientos no modifican la dirección de nuestro escenario para el tipo de cambio, aunque probablemente posterguen parte del ajuste bajista que veníamos anticipando. Seguimos estimando que niveles elevados del precio del cobre en una perspectiva de mediano plazo, términos de intercambio favorables y una posterior normalización de las tasas internacionales deberían volver a entregar soporte al peso. Sin embargo, mientras persistan la incertidumbre geopolítica, las tasas estadounidenses en niveles elevados y una mayor demanda global por dólares, la convergencia hacia niveles más bajos de la paridad podría ser más lenta. Así, reforzamos la visión planteada en informes anteriores: el escenario fundamental continúa siendo de apreciación gradual del peso, pero el shock externo reciente desplaza ese proceso hacia adelante en el tiempo.
IPSA retrocede por el deterioro externo, pero mantenemos una visión favorable de mediano plazo
El IPSA acumuló una corrección cercana a 1,6% durante la semana, luego de encadenar seis sesiones consecutivas de caídas hasta el jueves y recuperar parcialmente terreno en la última jornada. El principal factor detrás del ajuste fue externo: la escalada del conflicto en Medio Oriente, el petróleo cerca de US$100 y el fuerte aumento de las tasas internacionales provocaron una liquidación global de activos de riesgo y elevaron las tasas de descuento. A nivel local, la sorpresa inflacionaria de agosto reforzó además la expectativa de una pausa más prolongada de la TPM, agregando presión sobre las valorizaciones. El jueves, la caída fue particularmente generalizada, con sólo cinco de los 31 componentes del índice cerrando al alza.
A nuestro juicio, la corrección reciente responde principalmente a condiciones financieras más restrictivas y mayor incertidumbre, más que a un deterioro equivalente de los fundamentos corporativos. El escenario de recuperación de la economía chilena hacia 2027 —con mayor inversión, términos de intercambio elevados y una posterior normalización de las tasas— continúa entregando soporte al mercado local. No obstante, el mayor costo de capital y la persistencia de riesgos externos nos llevan a revisar nuestra proyección para el IPSA a 11.860 puntos a fines de 2026 y 13.870 puntos a fines de 2027. Así, mantenemos una visión positiva de mediano plazo, aunque con un retorno esperado más acotado en el corto plazo y una recuperación más significativa concentrada en 2027.
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