La inflación sorprendió a la baja en diciembre, con una caída mensual del IPC de 0,2%, mayor a la anticipada, cerrando 2025 con una señal favorable en el frente inflacionario. Dicha baja estuvo liderada por componentes volátiles —en particular vestuario, alimentos y transporte—, pero también destacó la continuidad en la moderación de las presiones subyacentes, con el IPC sin volátiles y el IPC excluyendo alimentos y energía registrando también variaciones negativas en el mes. Este resultado confirma que el proceso de convergencia inflacionaria se mantiene bien encaminada, con una inflación anual de 3,5%, coherente con menores presiones de costos.
Tendencia IPC Sin Volátiles

A la luz de este buen registro de fin de 2025 y considerando además la apreciación reciente del tipo de cambio, revisamos a la baja nuestra proyección de inflación para fines de 2026, desde un 2,9% a un 2,7%. En este contexto, seguimos esperando que el Banco Central cuente con espacio para profundizar el ciclo de normalización monetaria, decretando al menos un recorte adicional de la tasa de política monetaria, hasta 4,25%, en un escenario de inflación controlada.
Inflación Anual

Menores riesgos inflacionarios y sesgo bajista en la trayectoria de la TPM
La minuta correspondiente a la última reunión de política monetaria confirmó que el recorte de 25 pb en la TPM se sustentó en una convergencia inflacionaria más rápida de lo previsto, con la inflación total acercándose a 3,0% ya en el primer trimestre de 2026 y presiones subyacentes acotadas. La apreciación del peso, menores costos laborales y un consumo privado moderándose según lo esperado reforzaron la evaluación de que los riesgos inflacionarios se habían reducido, validando la decisión de seguir acercando la TPM a su nivel neutral.
En este contexto, estimamos que el Banco Central recortará al menos una vez más la TPM —probablemente hacia fines del primer trimestre—, llevándola a 4,25%, en línea con la convergencia de la inflación a la meta y la disminución de los riesgos inflacionarios. No obstante, si bien este es nuestro escenario base, advertimos que el sesgo para la TPM es bajista.
Si el precio del cobre se mantiene elevado y se consolida en esosnniveles, la presión sobre el tipo de cambio podría intensificarse, lo que eventualmente llevaría al Banco Central a contener el riesgo de movimientos desordenados mediante intervenciones cambiarias y/o recortes adicionales de la TPM.